Hay dirección
No trabajamos a ciegas. Entendemos qué te pasa, qué lo mantiene y por dónde conviene empezar.
Aquí resolvemos las preguntas que más suelen aparecer antes de pedir cita: cómo trabajamos, cuánto dura una sesión, si puedes hacerlo online, qué pasa con la confidencialidad y qué esperar del proceso.
Y si tu duda no está aquí, escríbenos. A veces lo que más ayuda no es buscar más información, sino preguntar lo que de verdad te frena.
Las dudas normales antes de empezar no suelen ser técnicas. Suelen ser estas: si esto te puede ayudar, si encajas, cuánto dura, cuánto se tarda en notar algo y qué pasa si no tienes claro por dónde empezar.
La primera sesión sirve para entender qué te pasa, qué te preocupa ahora mismo y qué necesitas. No se trata solo de escucharte: también valoramos por dónde conviene empezar y te explicamos cómo trabajamos.
La idea es que no salgas con más ruido, sino con más claridad.
Lo habitual es que las sesiones individuales duren alrededor de 50 minutos.
En pareja o familia puede variar según el caso y la modalidad.
Depende de lo que te pase, de tus objetivos y del momento en el que estés. Hay procesos breves y otros que necesitan más tiempo.
Lo importante es que el trabajo tenga dirección y revisemos avances con claridad, no alargarlo por alargarlo.
Lo más habitual al inicio es una sesión semanal.
Después, según evolución y objetivos, puede espaciarse. La frecuencia se ajusta a lo que tenga sentido para tu caso.
Sí. Trabajamos también online por videollamada, con la misma seriedad y el mismo enfoque de trabajo.
Es una buena opción si vives fuera, viajas mucho o necesitas más flexibilidad horaria.
Sí. La tarifa es la misma en ambas modalidades.
No hace falta que llegues con eso claro.
Precisamente para eso está el primer contacto: para entender tu caso y orientarte sobre qué enfoque o modalidad encaja mejor contigo.
No.
Mucha gente llega antes de tocar fondo, y eso suele ayudar. No hace falta estar fatal para pedir ayuda. A veces basta con notar que algo lleva tiempo pesando demasiado o que ya no quieres seguir gestionándolo igual.
La alianza terapéutica es importante. Si notas que no encaja, se habla con naturalidad.
Lo importante es que el proceso te ayude de verdad, no forzar algo que no está funcionando como debería.
Sí. Atendemos adolescencia e infanto-juvenil, siempre valorando el caso y la forma más adecuada de implicar a la familia cuando hace falta.
Sí. Los menores de 16 años necesitan consentimiento firmado por sus progenitores o tutores legales.
Sí. A veces una persona empieza sola para ordenar lo que está pasando y entender mejor la dinámica de la relación.
Que la otra persona no quiera acudir en ese momento no impide que tú empieces a trabajar lo que te está afectando.
Sí. La práctica psicológica está sujeta al secreto profesional y a la confidencialidad.
Solo hay excepciones legalmente previstas, como situaciones de riesgo grave o requerimientos legales específicos.
No. La baja médica la emite un médico.
El psicólogo puede valorar y recomendar que consultes si considera que hace falta.
No. El psiquiatra es médico y puede prescribir medicación. El psicólogo trabaja con evaluación e intervención psicológica.
En algunos casos pueden complementarse y trabajar de forma coordinada.
Trabajamos de forma privada.
Si tu póliza tiene sistema de reembolso, puedes consultar con tu aseguradora si cubre parte del importe.
Sí. Trabajamos desde una práctica inclusiva, respetuosa y afirmativa con la diversidad.
Si estás en una situación urgente o de riesgo, esta no es la vía adecuada.
En ese caso hay que acudir a recursos de atención inmediata o emergencia.
Puedes escribirnos a través del formulario de contacto, por WhatsApp o por la vía que tengas disponible en la web.
Te orientamos sobre disponibilidad y el tipo de atención que mejor encaja contigo.
Casi nadie llega a terapia con todo claro. Y eso no es un problema. Lo importante es saber que aquí no vienes a improvisar ni a perder tiempo.
No trabajamos a ciegas. Entendemos qué te pasa, qué lo mantiene y por dónde conviene empezar.
Pedir ayuda antes no es exagerar. Muchas veces es la mejor manera de no llegar más roto.
No hace falta tener el problema perfectamente explicado para empezar. A veces el trabajo comienza justo ahí: poniendo orden.
Escríbenos, cuéntanos brevemente qué te preocupa y vemos contigo cuál es la mejor forma de enfocarlo.